Tuesday, August 10, 2010

El Paisaje del Latinoamérica

Cuándo los españoles vinieron a Latinoamérica, todos estaban obsesionados por la riqueza que se escondió en la naturaleza. Es una tierra duro con los volcanes que escupen el fuego, los climas extremos, las selvas y los animales indomados. El paisaje del Latinoamérica es un lugar exótico y llena de misterio que afectan todos que viven allí. Cuándo la gente cruza la frontera por el norte, la memoria de la tierra se queda a dentro de sus almas. Para las mujeres que cruzan por el norte, esta memoria de una naturaleza poderosa y significativa continuará a formar sus vidas en los Estados Unidos. Esto es evidente en el cuento The Willow Game por Denise Chávez y también en Antojo por Julia Álvarez. Los dos cuentos proporcionan imágenes distintas de la experiencia de una latina-norteamericana pero tienen temas en común. Este ensayo enfocará en la familiaridad y la importancia de la naturaleza en las vidas de las protagonistas.

En Willow Game la protagonista es una chica norteamericana pero vive en el “borderlands” de Nuevo México. Su voz no es la voz de una estadounidense típica porque su relación con la naturaleza es más latinoamericano. Los lectores pueden ver las tradiciones mexicanas que relatan a la naturaleza en la primera sección del cuento:

My little sister and I would scavenge the neighborhood for flowers that we would then lay at Our Lady’s feet during those long May Day processions of faith that we so loved. A white satin cloth would be spread in front of the altar and we children would come up one by one and place our moist expectations there, on that bridal sheet along with that boundless childish fervor saturated with the mystifying scent of flowers, the vision of flowers, the flowers of our offerings. (p.56)

Chávez describe una tradición sumamente latinoamericana en que el medio ambiente tiene un papel crucial. Las palabras transmiten un sentido de la majestad y la maravilla en las flores como el misterio de las selvas y montañas de México. Pero las flores en realidad son flores sencillas del barrio. La protagonista en este cuento crea un mundo del misticismo tropical en su suburbio estadounidense.

La naturaleza en este mundo tiene una representación crucial. A veces, el medio ambiente de Latinoamérica es brutal y maravilloso. La naturaleza puede tener destrucción y la esencia de la vida. Sin embargo, la vida sin la naturaleza es una vida casi inhóspita. El conflicto entre las culturas del norte y el sur puede destruir las relaciones personales con el ambiente. Cuándo el árbol de sauce está destruido, la protagonista está afectada por la pérdida de la magia,

I am left with recollections of pain, of loss, with holes to be filled. Time, like trees, withstands the winters, bursts forth new leaves from the dried old sorrows—who knows when and why—and shelters us with the shade of later compassions, loves, although at the time the heart is seared so badly that the hope of all future flowerings are gone…The shreds of magic living, like the silken green ropes of the Willow’s branches, dissolved about me, and I was beyond myself, a child no longer. I was filled with immense sadness, the burning of snow in a desert land of consistent warmth. (p.63)

En Antojo también, hay una necesidad de la naturaleza en la vida de la protagonista, Yolanda pero es menos explícito. Yolanda es una mujer muy norteamericana en sus maneras, pero el sentido de la tradición se queda a dentro de ella. Durante el cuento su comprensión del medio ambiente está evolucionando. Al primer, es su deseo para encontrar guayabas que avance el cuento:

All around her are the foothills, a dark enormous green, the sky more a brightness than a color. A breeze blows through the palms below, rustling their branches, so they whisper like voices. Here and there a braid of smoke rises from a hillside—a campesino and his family living out their solitary life. This is what she has been missing all these years without really knowing that she has been missing it. Standing here in the quiet, she believes she has never felt at home in the States, never. (p.12)

Yolanda puede ver los aspectos románticos y bellos de la naturaleza. Ella idealiza la imagen del medio ambiente porque ella está rodeada por la tierra de sus parientes, y por primera vez está capaz de sentirse su verdadera identidad.

Yolanda piensa que ella es una norteamericana, muy diferente que sus tías, “She pulls the Datsun over and enjoys her first solitary moment since her arrival. Every compound outing has been hosted by one gracious aunt or another, presenting the landscape as if it were a floor show mounted for her niece’s appreciation.” (p.12) Todavía Yolanda tiene las ideas opuestas sobre el ambiente porque tiene las culturas opuestas dentro de si misma, “She has sat back quietly, hoping she has learned, at last, to let the mighty wave of tradition roll on through her life and break on some other female shore. She plans to bob up again after the many don’ts to do what she wants.” (p.9) Aquí, la tradición está representada por las olas y una playa simboliza la mujer. Julia Álvarez usa este lenguaje para la prefiguración. Los lectores saben que “the wave of tradition” va a chocar durante el cuento.

Esto es evidente en las ideas de Yolanda cuando ella empieza a cambiar su punto de visto idealizada de la naturaleza. Yolanda aparece a tener miedo del ambiente, “They turn onto a bumpy road off the highway, which grows bumpier and bumpier as it climbs up into wilder, more desolate country…Yolanda wants to turn back, but there is no room.” (p.17) Aquí, ella comienza a ver el peligro en este mundo.

El miedo y desconfía de Yolanda viene de las palabras de sus parientes, “The rustling leaves of the guava trees echo the warnings of her old aunts: you will get lost, you will get kidnapped, you will get raped, you will get killed.” (p.17) Esta cita demuestra lo que es más importante en los dos cuentos: la personificación del medio ambiente. Para las chicas en Willow Game las flores representa la Virgen, el símbolo femenino muy poderoso de México. También por esas chicas, los árboles son como miembros de sus familias, “…the tree was the neighborhood’s and, as such, the presence of this tree was as familiar as our own faces, or the faces of our relatives,” (p. 58). Como una madre universal,

“The Apricot Tree embraced us all selflessly,” (p. 58). Las chicas son árboles también porque dice: “We children drew power, along with the tree, from the penetrating grateful wetness…where we vied for power having previously transcended death,” (p.58). Las niñas han estado reinventadas por la naturaleza para ser más poderosas que la muerte. En este cuento las chicas tratan a conquistar la debilidad humana para ser fuerte como el sauce, “Two sisters, with their arms around each other’s child-delicate necks, stand out—as the warps and the twinings of the willow…” (p. 59).

Para Yolanda, la gente dominicana está representada por la naturaleza. Ella dice, “The dozen rich families have intermarried so many times that family trees are tangles of roots,” (p. 14). Las voces de sus tías en los árboles hablan con ella como una fuerza preventiva. Cuándo ella encara su miedo, encuentre la fuerza y la integridad dentro del mismo ambiente hostil y hermoso, “…he is broad and solid, like something not yet completely carved out of a piece of wood,” (p. 20). El ambiente la confronta en la forma de soldados. Le muestra la cara verdadera de la isla y cambia su actitud de la molestia y el miedo, para la respeta y la confía, “The skin feels rough and dry like the bark of trees,” (p.22).

Los dos cuentos son diferentes en muchos de sus temas, pero la naturaleza es lo que causa el cambio en los personajes. La chica en The Willow Game esta desilusionada por la naturaleza en el fin porque no puede contestar la muerte. El sauce muere y las niñas viven improtegidas. Yolanda tiene la experiencia de lo contrario. En el fin, es su coche, el mecánico que la falla en medio del ambiente. Con la ayuda de la naturaleza ella se puede reconciliar las tradiciones del sur con su actitud norteamericana. Denise Chávez y Julia Álvarez demuestran perfectamente lo que es distinto de la experiencia latina-norteamericana: la mayoridad de los estadounidenses (como los españoles de historia) ven el ambiente como algo para conquistar y los latinos ven el ambiente como algo que forma sus vidas. Aunque hay finales desemejantes en los dos cuentos, es obvio que la naturaleza sea muy trascendental para la formación de la identidad latina-norteamericana.